Los Palacios Nazaríes

El plato fuerte de la visita a La Alhambra de Granada es la visita a los Palacios Nazaríes, un conjunto arquitectónico que enamora y que le proporciona a La Alhambra su belleza y su magia tan especiales.
Te damos en nuestra Guía de Granada una serie de recomendaciones a la hora de visitar estos Palacios que conviene tengas en cuenta.

Los Palacios Nazaríes podemos decir que son, realmente, el jugo de La Alhambra. Recuerda lo que te hemos venido indicando: en tu billete de entrada a La Alhambra se te indica la hora máxima de entrada a los Palacios, por lo que, si tienes el tiempo justo, lo mejor es acudir directamente a verlos, dejando para después la visita al resto de La Alhambra.

La entrada a los Palacios Nazaríes se encuentra justo a la derecha del Palacio de Carlos V (a la derecha si sales del Palacio de Carlos V, a la izquierda si entras). Inmediatamente los identificarás porque habrá gente esperando, ya que se entra por grupos de personas.

Los Palacios Nazaríes están compuestos por tres Palacios: Palacio del Mexuar, Palacio de Comares y Palacio de los Leones.

El Palacio del Mexuar es el más antiguo de los tres. Es el primero que te vas a encontrar nada más entrar en los Palacios Nazaríes. Nada más entrar te impresionará la belleza del Coro del Mexuar con sus cuatro columnas en las que podemos leer la inscripción “Todo lo que poseéis procede de Dios”, siendo en esta sala donde se reunían los ministros o consejeros y donde el Sultán recibía para impartir Justicia, por lo que puedes imaginar la solemnidad de estas estancias en su tiempo.

Esta sala principal del Palacio del Mexuar ha sido objeto de sucesivas modificaciones desde la Reconquista Cristiana, como es el caso, por ejemplo, del techo, el cual es de época Cristiana y que sustituyó a un juego de luces existente al construirse una segunda planta en la estancia. Sin embargo, destaca sobremanera la bella factura de las yeserías, dorados y pinturas que adornan la parte alta de las paredes de la estancia, decoraciones que se han conservado a pesar del paso del tiempo, al igual que los zócalos alicatados de azulejos que completan el conjunto, los cuales, no obstante, han sido objeto de algunas modificaciones.

Esta impresionante estancia que nos da la bienvenida a los Palacios Nazaríes culmina, al fondo, con un mirador orientado hacia El Albaicín y el Mihrab hacia La Meca, así como la habitación en la que el Sultán impartía Justicia y daba audiencia, siendo que, en su ausencia, sus funciones las ejercía el Cadí en una sala adjunta en cuya puerta se encuentra un azulejo que reza “Entra y pide. No temas de pedir justicia que hallarla has”, salas todas ellas que, posteriormente, fueron sustituidas por capillas cristianas.

Saldrás de la Sala del Mexuar y accederás al Patio del Cuarto Dorado con una impresionante fachada al frente. Te fijarás en el detalle de esa fachada (común a los Palacios Nazaríes); se trata de escrituras en árabe repartidas por todas las paredes y que no son más que pasajes del Corán escritos sobre yeso, lo que te puede dar una idea del trabajo minucioso que supuso la decoración de todas las estancias de La Alhambra.

Una vez que pasas el Patio del Cuarto Dorado, accederás al Palacio de Comares propiamente dicho, el cual se puede considerar el más importante de los tres Palacios, ya que constituía la residencia del Sultán y donde se ubicaba el trono. Como consecuencia, al ser la residencia del Sultán, no cabe duda de que es el lugar más finamente decorado de todos los Palacios Nazaríes y, en tal sentido, Yusuf I pretendió que el visitante quedase atrapado por la belleza del lugar, un lugar que debía de ser deslumbrante para quien lo visitara, una belleza suprema que vería culminada su hijo Mohamed V debido a la larga duración de las obras.

El Palacio de Comares es donde La Alhambra de Granada adquiere los más altos niveles de belleza y preciosismo en la decoración de sus estancias y en los detalles de los acabados, algo que se materializa, finalmente, en el precioso Patio de los Arrayanes, una de las estampas más típicas de La Alhambra.

Efectivamente, El Patio de los Arrayanes es uno de los máximos exponentes de la belleza de La Alhambra, también conocido como “Patio de los Mirtos”, debido a los arrayanes o mirtos que embellecen el conjunto del Patio, formando un contraste increíble su color verde intenso con el blanco mármol que adorna el suelo. Igualmente, también ha sido conocido como “Patio del Estanque o de la Alberca”, debido al estanque longitudinal que se encuentra en el centro del Patio y que es rodeado por las matas de arrayanes, estanque que culmina en las pilas de mármol que se sitúan en cada uno de sus extremos y que son alimentadas por el agua del mismo, pilas frente a las cuales se sitúan los respectivos pórticos, flanqueando el conjunto a ambos lados dos naves de aposentos para las mujeres.

Todo el conjunto del Patio de los Arrayanes es de una belleza excepcional, tanto desde el punto de vista arquitectónico como desde un punto de vista espiritual. En él puedes disfrutar de la belleza de las filigranas esculpidas en las yeserías que adornan los pórticos de los extremos, en las cuales hay inscripciones con pasajes del Corán y alabanzas al Emir, acompañando esa belleza plástica el dulce sonido del agua en su tintineo constante en las fuentes de mármol que culminan el estanque central, algo que llena el alma de paz y sosiego como lo hiciera siglos atrás en las almas de los habitantes de La Alhambra, presidiendo la estampa, al fondo, emergiendo de las murallas de La Alhambra, la Torre de Comares con sus 45 metros de altura, la mayor torre de La Alhambra.

Saldremos del Patio de los Arrayanes por el Salón de Embajadores, justo en dirección hacia la Torre de Comares, y, tras franquearlo por la derecha, accederemos al Palacio de los Leones, abandonando definitivamente el Palacio de Comares.

Obviamente, en el Palacio de los Leones es donde encontrarás el famoso Patio de los Leones, actualmente en restauración (por cierto, puedes ver uno de los leones restaurado en el Palacio de Carlos V, ya que allí existe una exposición relativa a dicha restauración). Te volvemos a recomendar la visita a La Alhambra temprano, ya que podrás disfrutar del Patio de los Leones con tranquilidad y sin las aglomeraciones de gente que se producen a media mañana.

El Palacio de los Leones fue construido por Mohamed V y está considerado como uno de los máximos exponentes del arte nazarí. Mohamed V continuó con la obra de su padre Yusuf I, pero no limitándose a una mera continuación, sino que decidió crear una gran obra llena de esplendor, siendo el resultado de ello el Palacio de los Leones que nos ocupa.

En el Palacio de los Leones vas a encontrar acceso a la Sala de los Mocárabes, la Sala de Abencerrajes, la Sala de los Reyes, Ajimeces, el Mirador de Daraxa, el Harén y la Sala de Dos Hermanas, en la cual finaliza la visita a este Palacio. Has de tener en cuenta que, actualmente, y debido a las reformas que se están realizando en La Alhambra, muchas de estas estancias están cerradas, del mismo modo que la fuente del Patio de los Leones puede hallarse cubierta por la restauración que se está llevando a cabo en ella.

En cualquier caso, el Palacio de los Leones con su Patio son uno de los lugares comunes e imprescindibles en tu visita a La Alhambra, donde el arte nazarí adquiere sus máximos niveles, alcanzando una belleza que atrapa al visitante, con la belleza de la fuente central de mármol blanco con sus ocho leones igualmente de mármol que actúan como surtidores que alimentan los pequeños canales que salen de la fuente y que parten del interior de los pabellones laterales del Patio. Un conjunto excepcionalmente bello que nos servirá para culminar en una explosión de belleza nuestra visita a los Palacios Nazaríes.

Una vez que has salido de los Palacios Nazaríes, accederás al Partal, donde encontrarás el Pórtico del Palacio, los Jardines y paseos, la Rauda, el Palacio de Yusuf III y Paseo de las Torres.

El Partal fue, realmente, un palacio al que le falta todo el conjunto de sus cuatro costados, por lo que, a primera vista, puede parecer un pórtico con mirador junto a un estanque, cuya construcción es anterior al Palacio de Comares y fue mandado construir por Mohamed III, en el siglo XIV, culminándose el edificio principal por la llamada “Torre de las Damas” o “Del Príncipe”. A un costado se encuentran unas casitas en las que se hallaron unas pinturas de la época representando una peregrinación a La Meca.

Después de la visita a los Palacios Nazaríes El Partal es el lugar perfecto para descansar y reflexionar sobre todo lo que hemos visto, sobre los siglos de Historia que hemos contemplado y sobre las escenas cotidianas que cada día podían vivirse en estos Palacios.

Finalmente, la salida del recorrido a los Palacios Nazaríes la efectuarás por detrás del Palacio de Carlos V, volviendo nuevamente al punto de partida y listos para ir a la Puerta del Vino y entrar en el Patio de los Aljibes.

Sitios históricos de Buenos Aires (Parte 1)

Los sitios históricos de Buenos Aires son un testimonio de los acontecimientos a lo largo de la historia argentina, desde su época colonial hasta los años posteriores a la victoria de la nación en 1816 en su guerra de independencia con España. Los viajeros pueden explorar monumentos a los ciudadanos que cayeron bajo la opresión del estado, así como a las plazas públicas donde ocurrieron algunos de los acontecimientos históricos más importantes de Argentina. Los turistas deben saber que las manifestaciones políticas ocurren con frecuencia en Buenos Aires; el Departamento de Estado de EE. UU. señala que, si bien la mayoría permanece pacífica, los viajeros deben evitar la escena de cualquier protesta.

plaza de mayo

Plaza de Mayo ha sido sede de celebraciones, manifestaciones y eventos políticos fundamentales desde su creación en 1580. Fue el sitio del levantamiento inicial de 1810 que desencadenó la guerra de seis años de la Argentina por la independencia y el punto de reunión para los manifestantes en 1945 que presionaron exitosamente al gobierno para liberar a Juan Perón de la prisión. Los argentinos eligieron al presidente de Perón en 1946 y 1951, y regresó del exilio para cumplir un tercer mandato en 1973. Plaza de Mayo es también la ubicación de muchos hitos prominentes de Buenos Aires, como el Cabildo y la Pirámide de Mayo, un monumento piramidal erigido por Revolucionarios argentinos en 1811 para conmemorar el primer aniversario de su levantamiento contra España. Plaza de Mayo también presenta un monumento al general Manuel Belgrano, un héroe de la guerra nacional por la independencia y diseñador de la bandera argentina, que representa al revolucionario a caballo.

el cabildo

El Cabildo sirvió como la base del gobierno español durante los días coloniales de Argentina, y su construcción se desarrolló entre comienzos del siglo XVII y 1764, cuando se terminó la construcción. El edificio, la única estructura sobreviviente de la época colonial de la Plaza de Mayo, alberga un museo que conmemora la Revolución de Mayo de 1810, durante el cual Argentina declaró su independencia de España. Todos los jueves y viernes, el Cabildo acoge una feria artesanal donde los artesanos locales ofrecen sus productos.

CLUB ATLÉTICO

El nombre inocuo de Club Atletico desmiente los horrores indescriptibles que tuvieron lugar dentro de sus muros durante los primeros años de la “Guerra Sucia” de Argentina. Entre 1976, cuando una junta militar tomó el poder y la restauración del gobierno civil en 1983, el gobierno tomó medidas despiadadas contra los oponentes reales e imaginarios. Cerca de 30,000 argentinos se convirtieron en “desaparecidos” o “desaparecidos”, secuestrados por los militares y nunca más vistos, según el Centro Internacional para la Justicia Transicional. El Club Atlético fue una de las muchas cámaras de tortura del gobierno utilizadas durante la Guerra Sucia; Según las notas de Frommer, la junta gobernante arrastró aproximadamente a 1.500 personas a sus profundidades, la mayoría de las cuales nunca regresarían a la luz del día. Aunque el edificio principal fue demolido en 1977 para dar paso a una carretera, sus cámaras de tortura subterráneas permanecen, y el sitio admite visitas durante los descansos en el trabajo de arqueología forense en curso.

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El Museo Guggenheim

El Museo Guggenheim: símbolo de la integración entre tradición y modernidad…

Sin duda alguna, uno de los símbolos actuales de Bilbao (por no decir el más importante) es el Museo Guggenheim, un edificio impresionante que se levanta majestuoso junto a la Ría, proclamando su poderío arquitectónico a todo el que lo contempla, un poderío que encierra, al mismo tiempo, un impresionante catálogo de arte contemporáneo que sitúa a la ciudad de Bilbao en la órbita de las ciudades más importantes del Mundo en este terreno.

Efectivamente, El Museo Guggenheim de Bilbao forma parte de la red de museos pertenecientes a la Fundación Guggenheim, donde se encuadran, entre otros, los museos de Nueva York, el de Venecia, el de Berlín o el de Las Vegas, lo que le confiere un prestigio que pocos museos de arte contemporáneo del Mundo ostentan, lo cual, acompañado por la impresionante estructura de cinc y titanio del edificio, hace del Museo Guggenheim de Bilbao todo un símbolo de modernidad para la ciudad.

Ciertamente, el Guggengeim de Bilbao presenta un diseño arriesgado que, en su momento, recibió críticas desde la presentación del proyecto hasta la inauguración definitiva del museo el 18 de octubre de 1997; críticas que fueron atenuándose con el paso de los años, incluso por parte de los críticos más acérrimos, como fue el caso de Jorge Oteiza, quien calificó al Museo como “Fábrica de quesos”, al tiempo que juraba que nunca expondría en el Guggenheim de Bilbao. Juramento que incumplió años después. Y es que, desde sus inicios, este Museo no dejó indiferente a nadie, algo que sigue ocurriendo, aunque, en términos generales, son hoy día más los que aplauden el diseño y la planta del edificio que los que lo critican.

Así, poco a poco, el Museo Guggenheim de Bilbao ha ido convirtiéndose en uno de los símbolos más emblemáticos de esta ciudad por la modernidad, pero sin renunciar a la tradición que caracteriza al pueblo bilbaíno, ejemplo de lo cual es la perfecta integración del edificio en el entorno de la Ría, asemejando su estampa a la de un buque que navega por ella, fundiéndose a el tono grisáceo y metálico de la estructura exterior del edificio con el entorno a la perfección. Así lo pretendía Frank O. Gehry, el arquitecto a quien se encomendó el proyecto de construcción del Museo, quien tomó como base el diseño del Auditorio Walt Disney, proyecto que no llegó a llevarse a cabo finalmente.

Formas curvas, retorcidas pero armoniosas, volúmenes de piedra caliza, titanio y cristal interconectados entre si, una textura visual rugosa gracias al especial labrado de las planchas de titanio que recubren el Museo asemejando unas escamas de pez, dotan al edificio creado por el norteamenricano Frank O. Gehry de una belleza singular, una obra de arte contemporáneo en si misma considerada que tiene como telón de fondo el Puente de La Salve, la Ría, el Casco Viejo de Bilbao y las laderas del Monte Artxanda, lo que constituye un conjunto de una belleza plástica llena de contrastes sin igual, aunando el Bilbao más tradicional con el más innovador.

Y es que la especial ubicación del Museo, integrando el río con El Ensanche de la ciudad, hace que el Guggenheim esté a un paso del Bilbao más antiguo y del Bilbao más moderno, siendo así directamente accesible desde ambas zonas, confluyendo las mismas en la zona de Abandoibarra, donde se ubica el edificio, rodeado de paseos peatonales, siendo su entorno, por tanto, un lugar ideal para el esparcimiento y la relajación contemplando y disfrutando de un espacio que constituye un seductor telón de fondo para disfrutar del arte más innovador sobre la base de la antigua zona industrial de Bilbao. Todo un símbolo de la apuesta de esta ciudad por la modernidad, transformando aquella ciudad gris de la Revolución Industrial en una ciudad en la que tradición, arte, cultura e innovación se integran a la perfección.

La Fundación Guggenheim

La “Solomon R. Guggenheim Foundation” fue creada en 1937 y tiene como misión promover la comprensión y apreciación del arte, la arquitectura y demás manifestaciones modernas y contemporáneas. Tiene el objetivo de coleccionar, conservar e investigar el arte de nuestro tiempo, misión que cumple a través de exposiciones excepcionales, actividades educativas, programas de investigación y publicaciones, tratando de interesar y educar a un público internacional cada vez más diverso a través de una red única de museos y alianzas culturales.

En la actualidad, la “Solomon R. Guggenheim Foundation” posee y gestiona tres museos: el “Solomon R. Guggenheim Museum” de la Quinta Avenida de Nueva York; la “Peggy Guggenheim Collection” en el Gran Canal de Venecia; y el “Guggenheim Hermitage Museum” en Las Vegas. Asimismo, la Fundación también aporta programación y recursos a otros dos museos europeos que llevan su nombre: el Museo Guggenheim Bilbao y el “Deutsche Guggenheim” de Berlín, a lo que se une el hecho de que la Fundación amplía su ámbito de actuación a través de su red internacional de instituciones y alianzas que incluyen al Museo Estatal del Ermitage en San Petersburgo, y al “Kunsthistorisches Museum de Viena”, y también a través de una Colección Permanente en expansión, de un dinámico programa de exposiciones especiales y de sus actividades educativas.

Todo lo anterior hace que los museos que forman parte de la Fundación Guggenheim conviertan a esta red en una de las instituciones culturales más visitadas de todo el Planeta. A ello se unen los proyectos de nuevos museos como el de Abu Dhabi, que como característica común a todos los que integran la red de la Fundación Guggenheim, se caracterizan por un arriesgado, innovador y, sin duda, bello diseño.

La Fundación Guggenheim en la que se encuadra el Museo de Bilbao, como indicamos, fue creada en 1937 por Solomon R. Guggenheim, miembro de una importantísima y poderosísima familia judía estadounidense, descendiente del empresario minero y metalúrgico Meyer Guggenheim, quien dedico el final de su vida a obras filantrópicas y de mecenazgo. Estas obras influyeron decisivamente en sus herederos, quienes también dedicaron parte de sus fortunas a esos fines, siendo la fundación creada por Solomon R. Guggenheim en 1937 la que mayor renombre y prestigio adquirió internacionalmente.

Sin embargo, a pesar de la adscripción del Museo Guggenheim de Bilbao a la Fundación Guggenheim, no hay que olvidar que la construcción del edificio se realizó exclusivamente con fondos del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. De ahí que el Museo bilbaíno no sea propiedad de la Fundación y que la gestión corresponda en exclusiva al Gobierno Vasco. No obstante, el beneficio de pertenecer al circuito de museos de la Fundación Guggenheim radica en que, una vez puesto en marcha, el Guggenheim de Bilbao entra dentro de la programación y fondos artísticos del resto de museos adscritos a la Fundación, por lo que lo dota de una riqueza de fondos artísticos inigualable que comparte con el resto de museos Guggenheim del Mundo.

Estos fondos a los que se unen los propios de la cultura contemporánea vasca se distinguen en dos tipos de colecciones. La primera de ellas es la colección permanente de la Fundación que es la colección que cuentan los diferentes museos que forman parte de la red de la Fundación Guggenheim, de modo que cada una de las colecciones propias de cada uno de los museos integra la colección permanente de la Fundación; lo que permite ofrecer visiones más completas y diversas del arte de nuestro tiempo, de una forma dinámica y siempre cambiante.

La segunda colección es la propia de cada museo. Como indicamos, cada una de las colecciones propias de los museos integrados en la “Red Guggenheim” constituye la colección permanente de la Fundación, la cual permite llevar a cabo programaciones dinámicas e itinerantes que enriquecen a todos y cada uno de los museos de la referida red.

Así, por ejemplo, el “Solomon R. Guggenheim Museum” de Nueva York aporta los fondos más importantes, ya que, se puede decir, es la matriz de la “Red Guggenheim”, permitiendo nutrir de la mayor colección de obras de arte de los siglos XX y XXI al resto de museos. Por su parte, la “Peggy Guggenheim Collection” de Venecia (museo fundado por la sobrina de Solomon R. Guggenheim), reúne una colección de arte moderno inigualable a partir de finales de la década de 1930 en el París y el Londres prebélico, así como de la escuela americana de Expresionismo Abstracto, sin olvidar su extraordinaria colección de Surrealismo y obras de Jackson Pollock. Por contra, la “Deutsche Guggenheim” de Berlín aporta a la “Red Guggenheim” una perspectiva diferente, ya que, en lugar de atesorar obras, su función principal es la de promover la creación de arte moderno de consagrados y nuevos talentos, aportando así a la colección permanente una riqueza artística actualizada, no solamente en el terreno pictórico, sino también en el fotográfico, el escultórico y el cinematográfico. Una línea similar a la adoptada por el Museo Guggenheim de Bilbao, aunque éste sin renunciar a la adquisición de obras pictóricas del siglo XX, al tiempo que apostando por nuevos valores de la cultura vasca y española.

De esta forma, la integración del Museo Guggenheim de Bilbao en la Fundación Guggenheim hace que las posibilidades del museo bilbaíno sean inmensas e inagotables, colocándole entre los museos más importantes del Mundo, con una proyección inigualable.

El Museo Guggenheim de Bilbao en detalle

El arquitecto Philip Johnson dijo que el Museo Guggenheim de Bilbao era el “mejor edificio de nuestra época”, una afirmación que puede resultar exagerada para algunos pero que, ciertamente, se puede compartir al contemplar el monumental edificio que se levanta junto a la Ría de Bilbao. 24.000 m2, de los cuales 11.000 se dedican a exposiciones, todo ello en un diseño innovador, de líneas curvas y retorcidas labradas en titanio, piedra caliza y cristal, todo ello respondiendo a la lógica matemática ideada por su renombrado arquitecto Frank O. Gehry.

A la majestuosidad del edificio, que en si constituye una verdadera obra de arte, contribuye su ubicación: junto al Puente de La Salve, al abrazo de la Ría de Bilbao, con los edificios del Casco Viejo de la ciudad al frente y las laderas del Monte Artxanda al fondo. Así, el Museo integra a la perfección la zona más tradicional de la ciudad con la más dinámica, convirtiéndose en punto nexo de unión entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y lo contemporáneo.

Efectivamente, el Museo Guggenheim de Bilbao se encuentra ubicado en un lugar clave de la ciudad, siendo accesible desde la Calle Iparraguirre, la cual nos conduce hasta la misma puerta del Museo, donde nos recibe el “Puppy”, una estatua de flores naturales que representa un perro sentado, estatua que iba a tener carácter temporal pero que se ha consolidado como permanente, siendo así un símbolo de identidad más del Museo. A partir del “Puppy” descendemos hasta la plaza del Museo y estamos ya a las puertas del mismo, listos para adentrarnos en las entrañas de este impresionante edificio.

Al entrar accedemos a su vestíbulo organizado en torno al eje central del atrio, donde encontramos los servicios al público del Museo, tales como las taquillas, el restaurante, la tienda-librería o el guardarropía; servicios que son accesibles fuera del horario de apertura del Museo, por lo que, por ejemplo, puedes disfrutar de la cocina de su restaurante aunque el Museo esté cerrado.

Una vez flanqueado el vestíbulo, accedemos al atrio del Museo, el cual resulta realmente impresionante. Efectivamente, el atrio está constituido por un espacio acristalado con vistas a la Ría y a los montes que circundan la ciudad, iluminando todo el lugar con luz natural. Este es un espacio diseñado a propósito con una altura impresionante para dar cabida a grandes exposiciones que requieren de una instalación titánica, por lo que además de ser la zona de acceso a las diferentes salas de exposiciones, en si misma es una zona expositiva, si bien con la finalidad singular de acoger a descomunales monumentos de arte que, desde luego, impresionan y absortan al visitante.

El atrio central es el eje en torno al cual se organizan los tres niveles de galerías con que cuenta el edificio con sus 20 salas, de modo que, se puede considerar, que es el corazón que da vida al Museo, impulsando a sus visitantes por sus arterias expositivas, conectándolas entre sí a través de una serie de pasarelas con formas curvas, escaleras y ascensores acristalados.

Las salas de forma octogonal son las salas clásicas de exposición que se pueden encontrar en todos los museos, pudiéndose identificar desde el exterior porque coinciden con la zona recubierta de piedra caliza del Museo. Son 10 salas en total.

Las salas de forma irregular se identifican desde el exterior porque coinciden con la zona recubierta de titanio. Su especial forma irregular hace que se pueda jugar con sus volúmenes a la hora de exponer, lo que, en ocasiones, crea sensaciones que benefician de sobremanera a las obras expuestas.

La Sala 104 “ArcelorMittal” es una sala especial de dimensiones gigantescas, ya que cuenta con 130 metros de largo y 30 de ancho, ocupando un espacio diáfano de columnas, lo que permite que esta sala especial se destine a la exposición de obras de gran formato. Esta sala es fácilmente identificable desde el exterior al atravesar el Puente de La Salve por debajo, dando la sensación de que lo abraza. Cuenta con una entrada independiente al resto del Museo y es en esta sala donde se ubica, de forma permanente, la exposición “La Materia del Tiempo”, de Richard Serra, un conjunto de ocho esculturas que se integran en la estructura del Museo, conformando siete esculturas que se unen todas ellas a una principal en forma de serpiente.

En el Museo Guggenheim de Bilbao se ha cuidado cada uno de los detalles para proclamar que el propio edificio es en si una obra de arte gigantesca y espectacular que atesora lo mejor del arte contemporáneo en su interior, pero también en su exterior. Así, la majestuosidad y el impresionante diseño del Museo se ven acompañados por pequeños detalles que, escapándose al visitante que lo desconoce, son obras de arte permanentes que se integran a la perfección en el espíritu del edificio, como si de una pieza más del puzzle que es el Guggenheim de Bilbao se tratara, como es el caso de:

Los “Tulipanes”: Se trata de una obra de Jeff Koons expuesta y, al mismo tiempo, decorando, la terraza del Museo Guggenheim, representando un ramo de siete tulipanes de colores, elaborada en acero inoxidable, que recuerda a los globos hinchables de colores y formas que se venden en las ferias para los niños. Una obra de arte que enriquece las vistas desde la terraza del Museo, contrastando de una forma original con el paisaje.

La “Fuente de Fuego”: A simple vista, si visitamos el Museo al atardecer o por la noche, nos puede parecer un elemento decorativo más del exterior del edificio. Sin embargo, se trata de una verdadera obra de arte del autor Yves Klein, consistente en unos cañones que despiden llamaradas de fuego de colores desde las entrañas mismas del agua; todo un espectáculo de plasticidad, contraste y belleza que adorna los atardeceres del Museo.

“Niebla”: De la misma forma que la “Fuente de Fuego”, la obra “Niebla”, de Fujiko Nakaya, juega con los elementos de la naturaleza sobre el agua, lo que nos permite disfrutar del espectáculo de la niebla elevándose desde el agua frente al Museo, lo que refuerza la sensación de un inmenso buque de titanio que remonta pausadamente la Ría de Bilbao.

El “Puppy”: Ya nos hemos referido anteriormente a esta obra de Jeff Koons, un perrito (un “West Highland Terrier”) gigantesco de 12 metros de altura elaborado a base de flores de colores naturales que son renovadas dos veces al año, recubriendo un entramado formado por una malla metálica.

“Mamá”: Aparenta más bien una inmensa araña junto a la Ría, paseando por su orilla junto al Museo, aunque su nombre nos quiere indicar que la artista (Louise Bourgeois) pretende ensalzar con ella los valores y la figura materna. En todo caso, queda a elección del visitante el determinar a qué se asemeja realmente, aunque, de cualquier forma, resulta una escultura impresionante que contrasta sobremanera con el entorno.

El Puente de La Salve: Todo un ejemplo de cómo se puede integrar a la perfección un elemento arquitectónico nuevo como es el Museo Guggenheim con otro ya existente desde hace décadas. Efectivamente, el Puente de La Salve (cuyo nombre oficial es el de “Puente Príncipes de España”) fue inaugurado en 1972 con una finalidad exclusivamente funcional, ya que con su construcción se pretendía aligerar el tráfico de la ciudad y, además, permitir el paso por debajo de él de buques de gran altura, de ahí que se tratara de una construcción de más de 20 metros de altura sin carácter móvil, sino fijo. Sin embargo, de la misión funcional que conserva, el Puente de La Salve a pasado a integrarse como un elemento más del Museo.

Bilbao y su Museo han quedado ya indisolublemente unidos, siendo indispensable visitar el Guggenheim si decides viajar a esta ciudad. Resulta difícil resumir en palabras lo que para esta ciudad significa este Museo, una marca de identidad, de calidad, de excelencia y de cultura en España y en el Mundo que no te puedes perder.

Para organizar tu visita al Museo te recomendamos visitar la página oficial del Museo Guggenheim Bilbao, ya que en ella encontrarás detallada información sobre su programación expositiva, actividades paralelas, eventos, mapas y planos, accesos al Museo, así como la posibilidad de comprar entradas con antelación suficiente, recordándote que las tarifas pueden variar según la fecha en que visites el Museo. En cualquier caso, te reiteramos que la visita al Museo Guggenheim es obligada en tu viaje a Bilbao.