El Generalife

Nada más entrar en La Alhambra de Granada encontrarás El Generalife, algo más que unos preciosos jardines, ya que se encuentran repletos de rincones escondidos, de pequeños jardines recoletos cuyo objetivo era obtener momentos de paz y relajación, y, cómo no, para practicar los juegos amorosos en todos y cada de los mágicos lugares que en estos jardines invitan a ello.

Nada más entrar en La Alhambra, a la derecha tienes El Generalife. Mira en tu entrada la hora que tienes marcada para visitar los Palacios Nazaríes, ya que, si has llegado con el tiempo justo, es preferible que dejes la visita al Generalife para el final.

En el mapa que encontrarás al final tienes indicada la ubicación de El Generalife. Fíjate que, tras entrar en La Alhambra, se sitúa a la derecha y, a partir de su mirador, tienes una panorámica envidiable de Granada y del Albaicín con sus Cármenes.

El Generalife ocupa el Cerro del Sol, datando su construcción del siglo XIII, obra del Sultán nazarí Muhammad II, siendo concebido como un elemento exterior de La Alhambra, a modo de jardines y huertas decorativos y de relax palaciego, contando con dos edificaciones principales que se encuentran conectadas por el Patio de la Acequia y que han sido objeto de múltiples reformas posteriores desde su construcción.

Efectivamente, El Generalife cuenta con tres elementos fundamentales de entre los que destaca el Patio de la Acequia, un amplísimo patio de tipo longitudinal, siendo uno de sus elementos identificadores el canal que lo atraviesa y divide y que conduce las aguas de la Acequia Real de La Alhambra, hallándose rodeado de vegetación ajardinada de diferentes especies (destacando los naranjos, arrayanes y cipreses) y cerrado por dos pabellones, los cuales presentan pisos superiores con estancias y miradores. El canal central que da vida al Patio de la Acequia se encuentra adornado por múltiples fuentes de agua que lo jalonan y que otorgan al conjunto la musicalidad propia del agua rompiendo en múltiples gotas y del que tanto gustaban los árabes, tal y como se puede comprobar a lo largo del recorrido de La Alhambra. En el propio Patio de la Acequia, al fondo, se accede a la Sala Regia, la cual se encuentra tras un pórtico de cinco arcos, destacando la preciosa decoración en yesería de esta Sala.

A partir del Patio de la Acequia (en concreto, a partir de la Sala Regia y a través de unas escaleras) puedes acceder a otra de las construcciones principales del Generalife: el Patio de los Cipreses. Este Patio de los Cipreses cuenta con un estanque central que se encuentra rodeado por setos de arrayán, existiendo en el centro del propio estanque, a su vez, un pequeño estanque con una fuente de piedra, completándose el conjunto por una serie de chorros de agua que caen sobre el agua y que vuelven a reproducir el dulce tintineo de ésta tan característico de La Alhambra.

Sin embargo, lo más característico de este patio son, precisamente, los cipreses que le dan nombre, destacando sobremanera el llamado “Ciprés de la Sultana” (de ahí que también sea conocido como el “Patio del Ciprés de la Sultana”), ciprés que debe su nombre a la leyenda que afirma que, bajo él, la esposa de Boabdil se veía en secreto con un abencerraje, lo que motivó la ira del Rey y el degüello de los miembros de este grupo de caballeros y guerreros. Son esos cipreses los que encierran el patio en un espacio de intimidad y recogimiento únicos de gran belleza.

A partir del Patio de los Cipreses, y subiendo por la Escalera del Agua, llegarás a los Jardines Altos del Palacio, una escalera de una belleza singular por la cual discurre un canalillo de agua oculto que sale a la superficie en los diferentes descansillos circulares con fuentes bajas que va formando la escalera a medida que ascendemos por ella, completándose el conjunto con unos pasamanos a ambos lados de la escalera que transportan agua de la Acequia Real, la misma que pasa por el canal del Patio de la Acequia, quedando toda la escalera protegida y cubierta por un techo de árboles que se inclinan y que crean un espacio de frescor y tranquilidad en el que el tintineo del agua nos eleva a niveles de paz y sosiego únicos.

A partir de los Jardines altos, y con acceso al Patio de los Cipreses el Paseo de las Adelfas, un largo sendero cubierto de adelfas en su parte superior a modo de bóveda y que constituye toda una experiencia el disfrutar de un pausado paseo por su interior. En este Paseo de las Adelfas se encuentra uno de los ejemplares más antiguos que se conserva de arrayán morisco.

Te recomendamos visitar el Generalife a primera hora de la mañana, ya que la experiencia es realmente deliciosa, con el aroma de las flores y el frescor de la mañana, contemplando una estampa preciosa de La Alhambra al amanecer y El Albaicín en el otro extremo. Es un espectáculo realmente delicioso para los sentidos perderse por los rincones del Generalife, por sus jardines y disfrutar del sonido del agua bailando y jugando en sus fuentes, escondidas entre la frondosa y cuidada vegetación que las protege.

La Medina

Una vez que has visto El Generalife, entrarás en La Alhambra propiamente dicha, atravesando una puerta (la Puerta de los Siete Suelos, en la que, según la leyenda, entregó Boabdil las llaves de Granada a los Reyes Católicos), entre La Torre del Cabo y La Torre del Agua, sobre un foso que te conducirá a La Medina.

En La Medina vas a encontrar un espacio amurallado en el que quedan vestigios de una ciudadela que contaba con mezquita, madraza, aljibes, viviendas de nobles, talleres y viviendas de artesanos, un cementerio o “rauda”, el Palacio del Secano …, por lo que puedes imaginar que era una zona de ferviente actividad en La Alhambra, sobre todo en el aspecto industrial y comercial.

Efectivamente, La Medina era una verdadera ciudad dentro de La Alhambra, en la que se desarrollaba toda la vida cotidiana de la ciudadela, encontrándose aquí ubicados los talleres de artesanos, los comercios, las escuelas, los mercados, los lugares de culto, …, lo que convertía a este espacio en el corazón de La Alhambra, un lugar lleno de vida y actividad del que, lamentablemente, sólo quedan los restos y cimientos de las edificaciones de antaño, ya que el lugar fue arrasado durante la Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas.

Entre esos restos se encuentran el Palacio Yusuf III y los restos del palacio árabe sobre los que se asienta ahora el Parador de San Francisco, completándose el conjunto por un espacio ajardinado y perfectamente cuidado protegido, a un lado, por las murallas de La Alhambra y, por otro, por El Partal, contemplándose a lo lejos El Generalife y El Albaicín, un lugar perfecto para disfrutar de unos momentos de intimidad, paz y relajación contemplando el lugar en el que hace siglos la vida cotidiana de los habitantes de La Alhambra llenaba de bullicio este lugar.

La Medina la atravesarás por la Calle Real Alta, dejando a tu derecha los jardines y El Partal, de los que te recomendamos que disfrutes con tranquilidad y te envuelvas del mágico ambiente de siglos atrás.

Una vez que has atravesado La Medina, pasarás a ver el Palacio de Carlos V, el cual es realmente impresionante, aunque el contenido es bastante sobrio.

Los Jardines de La Alhambra

En fin, una vez que has concluido la visita a La Alhambra, y si has hecho caso a nuestra recomendación de ir bien temprano, te va a quedar algún tiempo para dar una vuelta por los alrededores de La Alhambra y sus Jardines.

Si algo te va a llamar la atención al visitar La Alhambra es la gran cantidad de jardines que la jalonan, acompañados, eso sí, del agua como elemento decorativo, al tiempo que medio indispensable para la vida.

La combinación del agua y los jardines, son un complemento perfecto que revitaliza no sólo la vista y los sentidos, sino el propio alma. Imagínate cuál debiera ser la estampa de los antiguos habitantes de La Alhambra, rodeados día y noche de la musicalidad del agua rompiendo con su tintineo en las fuentes y arroyuelos de La Alhambra, rodeados de sus incomparables jardines. No te lo puedes perder en tu visita y debes reservar parte de tu tiempo a un paseo pausado por los jardines que te rodean.

Paseando por esos jardines te darás cuenta de la importancia que para los musulmanes de la Península tenía el concepto de Paraíso, del que el concepto de “Jardín Árabe” era su máxima expresión, ya que, con sus cuidados jardines con generosas cantidades de agua jugando en sus fuentes, canales y riachuelos, se pretendía recrear el Paraíso en la Tierra, de lo cual es expresión la máxima de Mahoma:

“Dios ha prometido a los creyentes y a las creyentes unos jardines en los que corren ríos. En ellos vivirán eternamente: tendrán hermosas moradas en el jardín del Edén.”

Consecuencia de ese concepto es el preciosismo de La Alhambra en cuanto a sus jardines, con lugares de una belleza imposible, en los que se mima la vegetación para darle formas increíbles en combinación con la omnipresente agua discurriendo por los pequeños canales y fuentes que sorprenden al visitante en rincones que nos permiten disfrutar de la visita más allá de la simple contemplación de un monumento histórico.

Pero, además, una de las peculiaridades del concepto del “Jardín Árabe” es el hecho de que, al tratarse de una economía de la época en la que la agricultura tenía una importancia vital, la belleza de los jardines se combina con su utilidad, ya que las huertas para cultivar productos agrícolas de primera necesidad comparten sus espacios con los cultivos meramente decorativos. Así, en el diseño de los jardines era imprescindible hacer hueco a los cultivos de productos agrícolas destinados al consumo humano, lográndose con ello una combinación perfecta entre ambos espacios.

 

Sin duda alguna, es El Generalife un ejemplo de ello y el lugar ajardinado que más te va a impresionar, pero no es menos cierto que hasta el último rincón ajardinado de La Alhambra te va a encantar, como es el caso del Patio de los Arrayanes o El Partal, por no hablar del rincón más minúsculo y oculto de La Alhambra, en el cual se abre la vida con detalles ajardinados o de huerta que encajan a la perfección con el entorno arquitectónico de que se trate.

Pero también son lugares que enamoran al visitante el Patio de los Arrayanes o “Patio de Comares”, el Patio de los Leones, el Patio de la Reja, el Patio de Lindaraja o el Jardín de Daraxa, todos ellos ubicados en los Palacios Nazaríes, sin olvidar la impresionante salida de estos Palacios que supone la contemplación de los Jardines del Partal, final de la visita a los Palacios Nazaríes y que constituye una explosión de colores y aromas en un espacio ajardinado de singular belleza y del que sólo queda una mínima parte del esplendor originario, ya que se trataba de un conjunto de palacios ajardinados que debiera ser impresionante.

La belleza de todos y cada uno de los jardines que podrás encontrar en tu visita a La Alhambra no se encuentra en su grandiosidad o en las extensiones de un Versalles, sino que, por el contrario, su encanto se encuentra en el recogimiento, en la belleza de sus rincones, en los cientos de historias de amor que deben haberse producido en alguna de las recoletas fuentes de agua cristalina que se esconden en pequeñísimos universos de vegetación que nos podemos encontrar en cualquier lugar de La Alhambra. Ahí es donde radica la belleza de estos lugares con un encanto singular y refrescante y que invitan a disfrutar de la soledad a quien los contempla, apartándose de los grupos de visitantes y adentrándose en las mil y una historias de amor que en estos jardines debieron producirse y contarse.

Pero si hay algo que caracteriza a La Alhambra es que sus jardines se desparraman por sus muros, saltan sus murallas de siglos y se extienden por las cuentas que conducen hacia la fortaleza. Cuando subimos a La Alhambra la frondosa vegetación ya nos anuncia la belleza de lo que nos vamos a encontrar, una vegetación que en verano refresca con su simple contemplación a quien se acerca a La Alhambra, valiendo la pena, simplemente, pasear por los alrededores de la fortaleza para disfrutar de su belleza exterior jalonada por una vegetación que nos transportará a siglos pasados.

Por ello, te recomendamos que, una vez finalizada tu visita, vuelvas a Granada caminando, que disfrutes de La Cuesta Gomérez, que es la que lleva hasta La Alhambra. Te impresionará el frescor que irradia, sobre todo en verano, ya que todo su arbolado y entorno ajardinado es una delicia para los cinco sentidos. Disfrutarás de la Puerta de Las Granadas, de la Cuesta de Los Chinos, de La Puerta de La Justicia, de los puestecitos de souvenirs que jalonan la subida y la bajada de La Alhambra, de su ambiente, de sus casas blancas, y, por supuesto, de algún lugar en el que dar cuartel a nuestros pies y nuestros estómagos disfrutando de la deliciosa gastronomía granadina.