Los Jardines de La Alhambra

En fin, una vez que has concluido la visita a La Alhambra, y si has hecho caso a nuestra recomendación de ir bien temprano, te va a quedar algún tiempo para dar una vuelta por los alrededores de La Alhambra y sus Jardines.

Si algo te va a llamar la atención al visitar La Alhambra es la gran cantidad de jardines que la jalonan, acompañados, eso sí, del agua como elemento decorativo, al tiempo que medio indispensable para la vida.

La combinación del agua y los jardines, son un complemento perfecto que revitaliza no sólo la vista y los sentidos, sino el propio alma. Imagínate cuál debiera ser la estampa de los antiguos habitantes de La Alhambra, rodeados día y noche de la musicalidad del agua rompiendo con su tintineo en las fuentes y arroyuelos de La Alhambra, rodeados de sus incomparables jardines. No te lo puedes perder en tu visita y debes reservar parte de tu tiempo a un paseo pausado por los jardines que te rodean.

Paseando por esos jardines te darás cuenta de la importancia que para los musulmanes de la Península tenía el concepto de Paraíso, del que el concepto de “Jardín Árabe” era su máxima expresión, ya que, con sus cuidados jardines con generosas cantidades de agua jugando en sus fuentes, canales y riachuelos, se pretendía recrear el Paraíso en la Tierra, de lo cual es expresión la máxima de Mahoma:

“Dios ha prometido a los creyentes y a las creyentes unos jardines en los que corren ríos. En ellos vivirán eternamente: tendrán hermosas moradas en el jardín del Edén.”

Consecuencia de ese concepto es el preciosismo de La Alhambra en cuanto a sus jardines, con lugares de una belleza imposible, en los que se mima la vegetación para darle formas increíbles en combinación con la omnipresente agua discurriendo por los pequeños canales y fuentes que sorprenden al visitante en rincones que nos permiten disfrutar de la visita más allá de la simple contemplación de un monumento histórico.

Pero, además, una de las peculiaridades del concepto del “Jardín Árabe” es el hecho de que, al tratarse de una economía de la época en la que la agricultura tenía una importancia vital, la belleza de los jardines se combina con su utilidad, ya que las huertas para cultivar productos agrícolas de primera necesidad comparten sus espacios con los cultivos meramente decorativos. Así, en el diseño de los jardines era imprescindible hacer hueco a los cultivos de productos agrícolas destinados al consumo humano, lográndose con ello una combinación perfecta entre ambos espacios.

 

Sin duda alguna, es El Generalife un ejemplo de ello y el lugar ajardinado que más te va a impresionar, pero no es menos cierto que hasta el último rincón ajardinado de La Alhambra te va a encantar, como es el caso del Patio de los Arrayanes o El Partal, por no hablar del rincón más minúsculo y oculto de La Alhambra, en el cual se abre la vida con detalles ajardinados o de huerta que encajan a la perfección con el entorno arquitectónico de que se trate.

Pero también son lugares que enamoran al visitante el Patio de los Arrayanes o “Patio de Comares”, el Patio de los Leones, el Patio de la Reja, el Patio de Lindaraja o el Jardín de Daraxa, todos ellos ubicados en los Palacios Nazaríes, sin olvidar la impresionante salida de estos Palacios que supone la contemplación de los Jardines del Partal, final de la visita a los Palacios Nazaríes y que constituye una explosión de colores y aromas en un espacio ajardinado de singular belleza y del que sólo queda una mínima parte del esplendor originario, ya que se trataba de un conjunto de palacios ajardinados que debiera ser impresionante.

La belleza de todos y cada uno de los jardines que podrás encontrar en tu visita a La Alhambra no se encuentra en su grandiosidad o en las extensiones de un Versalles, sino que, por el contrario, su encanto se encuentra en el recogimiento, en la belleza de sus rincones, en los cientos de historias de amor que deben haberse producido en alguna de las recoletas fuentes de agua cristalina que se esconden en pequeñísimos universos de vegetación que nos podemos encontrar en cualquier lugar de La Alhambra. Ahí es donde radica la belleza de estos lugares con un encanto singular y refrescante y que invitan a disfrutar de la soledad a quien los contempla, apartándose de los grupos de visitantes y adentrándose en las mil y una historias de amor que en estos jardines debieron producirse y contarse.

Pero si hay algo que caracteriza a La Alhambra es que sus jardines se desparraman por sus muros, saltan sus murallas de siglos y se extienden por las cuentas que conducen hacia la fortaleza. Cuando subimos a La Alhambra la frondosa vegetación ya nos anuncia la belleza de lo que nos vamos a encontrar, una vegetación que en verano refresca con su simple contemplación a quien se acerca a La Alhambra, valiendo la pena, simplemente, pasear por los alrededores de la fortaleza para disfrutar de su belleza exterior jalonada por una vegetación que nos transportará a siglos pasados.

Por ello, te recomendamos que, una vez finalizada tu visita, vuelvas a Granada caminando, que disfrutes de La Cuesta Gomérez, que es la que lleva hasta La Alhambra. Te impresionará el frescor que irradia, sobre todo en verano, ya que todo su arbolado y entorno ajardinado es una delicia para los cinco sentidos. Disfrutarás de la Puerta de Las Granadas, de la Cuesta de Los Chinos, de La Puerta de La Justicia, de los puestecitos de souvenirs que jalonan la subida y la bajada de La Alhambra, de su ambiente, de sus casas blancas, y, por supuesto, de algún lugar en el que dar cuartel a nuestros pies y nuestros estómagos disfrutando de la deliciosa gastronomía granadina.