La Medina

Una vez que has visto El Generalife, entrarás en La Alhambra propiamente dicha, atravesando una puerta (la Puerta de los Siete Suelos, en la que, según la leyenda, entregó Boabdil las llaves de Granada a los Reyes Católicos), entre La Torre del Cabo y La Torre del Agua, sobre un foso que te conducirá a La Medina.

En La Medina vas a encontrar un espacio amurallado en el que quedan vestigios de una ciudadela que contaba con mezquita, madraza, aljibes, viviendas de nobles, talleres y viviendas de artesanos, un cementerio o “rauda”, el Palacio del Secano …, por lo que puedes imaginar que era una zona de ferviente actividad en La Alhambra, sobre todo en el aspecto industrial y comercial.

Efectivamente, La Medina era una verdadera ciudad dentro de La Alhambra, en la que se desarrollaba toda la vida cotidiana de la ciudadela, encontrándose aquí ubicados los talleres de artesanos, los comercios, las escuelas, los mercados, los lugares de culto, …, lo que convertía a este espacio en el corazón de La Alhambra, un lugar lleno de vida y actividad del que, lamentablemente, sólo quedan los restos y cimientos de las edificaciones de antaño, ya que el lugar fue arrasado durante la Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas.

Entre esos restos se encuentran el Palacio Yusuf III y los restos del palacio árabe sobre los que se asienta ahora el Parador de San Francisco, completándose el conjunto por un espacio ajardinado y perfectamente cuidado protegido, a un lado, por las murallas de La Alhambra y, por otro, por El Partal, contemplándose a lo lejos El Generalife y El Albaicín, un lugar perfecto para disfrutar de unos momentos de intimidad, paz y relajación contemplando el lugar en el que hace siglos la vida cotidiana de los habitantes de La Alhambra llenaba de bullicio este lugar.

La Medina la atravesarás por la Calle Real Alta, dejando a tu derecha los jardines y El Partal, de los que te recomendamos que disfrutes con tranquilidad y te envuelvas del mágico ambiente de siglos atrás.

Una vez que has atravesado La Medina, pasarás a ver el Palacio de Carlos V, el cual es realmente impresionante, aunque el contenido es bastante sobrio.

Los Palacios Nazaríes

El plato fuerte de la visita a La Alhambra de Granada es la visita a los Palacios Nazaríes, un conjunto arquitectónico que enamora y que le proporciona a La Alhambra su belleza y su magia tan especiales.
Te damos en nuestra Guía de Granada una serie de recomendaciones a la hora de visitar estos Palacios que conviene tengas en cuenta.

Los Palacios Nazaríes podemos decir que son, realmente, el jugo de La Alhambra. Recuerda lo que te hemos venido indicando: en tu billete de entrada a La Alhambra se te indica la hora máxima de entrada a los Palacios, por lo que, si tienes el tiempo justo, lo mejor es acudir directamente a verlos, dejando para después la visita al resto de La Alhambra.

La entrada a los Palacios Nazaríes se encuentra justo a la derecha del Palacio de Carlos V (a la derecha si sales del Palacio de Carlos V, a la izquierda si entras). Inmediatamente los identificarás porque habrá gente esperando, ya que se entra por grupos de personas.

Los Palacios Nazaríes están compuestos por tres Palacios: Palacio del Mexuar, Palacio de Comares y Palacio de los Leones.

El Palacio del Mexuar es el más antiguo de los tres. Es el primero que te vas a encontrar nada más entrar en los Palacios Nazaríes. Nada más entrar te impresionará la belleza del Coro del Mexuar con sus cuatro columnas en las que podemos leer la inscripción “Todo lo que poseéis procede de Dios”, siendo en esta sala donde se reunían los ministros o consejeros y donde el Sultán recibía para impartir Justicia, por lo que puedes imaginar la solemnidad de estas estancias en su tiempo.

Esta sala principal del Palacio del Mexuar ha sido objeto de sucesivas modificaciones desde la Reconquista Cristiana, como es el caso, por ejemplo, del techo, el cual es de época Cristiana y que sustituyó a un juego de luces existente al construirse una segunda planta en la estancia. Sin embargo, destaca sobremanera la bella factura de las yeserías, dorados y pinturas que adornan la parte alta de las paredes de la estancia, decoraciones que se han conservado a pesar del paso del tiempo, al igual que los zócalos alicatados de azulejos que completan el conjunto, los cuales, no obstante, han sido objeto de algunas modificaciones.

Esta impresionante estancia que nos da la bienvenida a los Palacios Nazaríes culmina, al fondo, con un mirador orientado hacia El Albaicín y el Mihrab hacia La Meca, así como la habitación en la que el Sultán impartía Justicia y daba audiencia, siendo que, en su ausencia, sus funciones las ejercía el Cadí en una sala adjunta en cuya puerta se encuentra un azulejo que reza “Entra y pide. No temas de pedir justicia que hallarla has”, salas todas ellas que, posteriormente, fueron sustituidas por capillas cristianas.

Saldrás de la Sala del Mexuar y accederás al Patio del Cuarto Dorado con una impresionante fachada al frente. Te fijarás en el detalle de esa fachada (común a los Palacios Nazaríes); se trata de escrituras en árabe repartidas por todas las paredes y que no son más que pasajes del Corán escritos sobre yeso, lo que te puede dar una idea del trabajo minucioso que supuso la decoración de todas las estancias de La Alhambra.

Una vez que pasas el Patio del Cuarto Dorado, accederás al Palacio de Comares propiamente dicho, el cual se puede considerar el más importante de los tres Palacios, ya que constituía la residencia del Sultán y donde se ubicaba el trono. Como consecuencia, al ser la residencia del Sultán, no cabe duda de que es el lugar más finamente decorado de todos los Palacios Nazaríes y, en tal sentido, Yusuf I pretendió que el visitante quedase atrapado por la belleza del lugar, un lugar que debía de ser deslumbrante para quien lo visitara, una belleza suprema que vería culminada su hijo Mohamed V debido a la larga duración de las obras.

El Palacio de Comares es donde La Alhambra de Granada adquiere los más altos niveles de belleza y preciosismo en la decoración de sus estancias y en los detalles de los acabados, algo que se materializa, finalmente, en el precioso Patio de los Arrayanes, una de las estampas más típicas de La Alhambra.

Efectivamente, El Patio de los Arrayanes es uno de los máximos exponentes de la belleza de La Alhambra, también conocido como “Patio de los Mirtos”, debido a los arrayanes o mirtos que embellecen el conjunto del Patio, formando un contraste increíble su color verde intenso con el blanco mármol que adorna el suelo. Igualmente, también ha sido conocido como “Patio del Estanque o de la Alberca”, debido al estanque longitudinal que se encuentra en el centro del Patio y que es rodeado por las matas de arrayanes, estanque que culmina en las pilas de mármol que se sitúan en cada uno de sus extremos y que son alimentadas por el agua del mismo, pilas frente a las cuales se sitúan los respectivos pórticos, flanqueando el conjunto a ambos lados dos naves de aposentos para las mujeres.

Todo el conjunto del Patio de los Arrayanes es de una belleza excepcional, tanto desde el punto de vista arquitectónico como desde un punto de vista espiritual. En él puedes disfrutar de la belleza de las filigranas esculpidas en las yeserías que adornan los pórticos de los extremos, en las cuales hay inscripciones con pasajes del Corán y alabanzas al Emir, acompañando esa belleza plástica el dulce sonido del agua en su tintineo constante en las fuentes de mármol que culminan el estanque central, algo que llena el alma de paz y sosiego como lo hiciera siglos atrás en las almas de los habitantes de La Alhambra, presidiendo la estampa, al fondo, emergiendo de las murallas de La Alhambra, la Torre de Comares con sus 45 metros de altura, la mayor torre de La Alhambra.

Saldremos del Patio de los Arrayanes por el Salón de Embajadores, justo en dirección hacia la Torre de Comares, y, tras franquearlo por la derecha, accederemos al Palacio de los Leones, abandonando definitivamente el Palacio de Comares.

Obviamente, en el Palacio de los Leones es donde encontrarás el famoso Patio de los Leones, actualmente en restauración (por cierto, puedes ver uno de los leones restaurado en el Palacio de Carlos V, ya que allí existe una exposición relativa a dicha restauración). Te volvemos a recomendar la visita a La Alhambra temprano, ya que podrás disfrutar del Patio de los Leones con tranquilidad y sin las aglomeraciones de gente que se producen a media mañana.

El Palacio de los Leones fue construido por Mohamed V y está considerado como uno de los máximos exponentes del arte nazarí. Mohamed V continuó con la obra de su padre Yusuf I, pero no limitándose a una mera continuación, sino que decidió crear una gran obra llena de esplendor, siendo el resultado de ello el Palacio de los Leones que nos ocupa.

En el Palacio de los Leones vas a encontrar acceso a la Sala de los Mocárabes, la Sala de Abencerrajes, la Sala de los Reyes, Ajimeces, el Mirador de Daraxa, el Harén y la Sala de Dos Hermanas, en la cual finaliza la visita a este Palacio. Has de tener en cuenta que, actualmente, y debido a las reformas que se están realizando en La Alhambra, muchas de estas estancias están cerradas, del mismo modo que la fuente del Patio de los Leones puede hallarse cubierta por la restauración que se está llevando a cabo en ella.

En cualquier caso, el Palacio de los Leones con su Patio son uno de los lugares comunes e imprescindibles en tu visita a La Alhambra, donde el arte nazarí adquiere sus máximos niveles, alcanzando una belleza que atrapa al visitante, con la belleza de la fuente central de mármol blanco con sus ocho leones igualmente de mármol que actúan como surtidores que alimentan los pequeños canales que salen de la fuente y que parten del interior de los pabellones laterales del Patio. Un conjunto excepcionalmente bello que nos servirá para culminar en una explosión de belleza nuestra visita a los Palacios Nazaríes.

Una vez que has salido de los Palacios Nazaríes, accederás al Partal, donde encontrarás el Pórtico del Palacio, los Jardines y paseos, la Rauda, el Palacio de Yusuf III y Paseo de las Torres.

El Partal fue, realmente, un palacio al que le falta todo el conjunto de sus cuatro costados, por lo que, a primera vista, puede parecer un pórtico con mirador junto a un estanque, cuya construcción es anterior al Palacio de Comares y fue mandado construir por Mohamed III, en el siglo XIV, culminándose el edificio principal por la llamada “Torre de las Damas” o “Del Príncipe”. A un costado se encuentran unas casitas en las que se hallaron unas pinturas de la época representando una peregrinación a La Meca.

Después de la visita a los Palacios Nazaríes El Partal es el lugar perfecto para descansar y reflexionar sobre todo lo que hemos visto, sobre los siglos de Historia que hemos contemplado y sobre las escenas cotidianas que cada día podían vivirse en estos Palacios.

Finalmente, la salida del recorrido a los Palacios Nazaríes la efectuarás por detrás del Palacio de Carlos V, volviendo nuevamente al punto de partida y listos para ir a la Puerta del Vino y entrar en el Patio de los Aljibes.

El Generalife

Nada más entrar en La Alhambra de Granada encontrarás El Generalife, algo más que unos preciosos jardines, ya que se encuentran repletos de rincones escondidos, de pequeños jardines recoletos cuyo objetivo era obtener momentos de paz y relajación, y, cómo no, para practicar los juegos amorosos en todos y cada de los mágicos lugares que en estos jardines invitan a ello.

Nada más entrar en La Alhambra, a la derecha tienes El Generalife. Mira en tu entrada la hora que tienes marcada para visitar los Palacios Nazaríes, ya que, si has llegado con el tiempo justo, es preferible que dejes la visita al Generalife para el final.

En el mapa que encontrarás al final tienes indicada la ubicación de El Generalife. Fíjate que, tras entrar en La Alhambra, se sitúa a la derecha y, a partir de su mirador, tienes una panorámica envidiable de Granada y del Albaicín con sus Cármenes.

El Generalife ocupa el Cerro del Sol, datando su construcción del siglo XIII, obra del Sultán nazarí Muhammad II, siendo concebido como un elemento exterior de La Alhambra, a modo de jardines y huertas decorativos y de relax palaciego, contando con dos edificaciones principales que se encuentran conectadas por el Patio de la Acequia y que han sido objeto de múltiples reformas posteriores desde su construcción.

Efectivamente, El Generalife cuenta con tres elementos fundamentales de entre los que destaca el Patio de la Acequia, un amplísimo patio de tipo longitudinal, siendo uno de sus elementos identificadores el canal que lo atraviesa y divide y que conduce las aguas de la Acequia Real de La Alhambra, hallándose rodeado de vegetación ajardinada de diferentes especies (destacando los naranjos, arrayanes y cipreses) y cerrado por dos pabellones, los cuales presentan pisos superiores con estancias y miradores. El canal central que da vida al Patio de la Acequia se encuentra adornado por múltiples fuentes de agua que lo jalonan y que otorgan al conjunto la musicalidad propia del agua rompiendo en múltiples gotas y del que tanto gustaban los árabes, tal y como se puede comprobar a lo largo del recorrido de La Alhambra. En el propio Patio de la Acequia, al fondo, se accede a la Sala Regia, la cual se encuentra tras un pórtico de cinco arcos, destacando la preciosa decoración en yesería de esta Sala.

A partir del Patio de la Acequia (en concreto, a partir de la Sala Regia y a través de unas escaleras) puedes acceder a otra de las construcciones principales del Generalife: el Patio de los Cipreses. Este Patio de los Cipreses cuenta con un estanque central que se encuentra rodeado por setos de arrayán, existiendo en el centro del propio estanque, a su vez, un pequeño estanque con una fuente de piedra, completándose el conjunto por una serie de chorros de agua que caen sobre el agua y que vuelven a reproducir el dulce tintineo de ésta tan característico de La Alhambra.

Sin embargo, lo más característico de este patio son, precisamente, los cipreses que le dan nombre, destacando sobremanera el llamado “Ciprés de la Sultana” (de ahí que también sea conocido como el “Patio del Ciprés de la Sultana”), ciprés que debe su nombre a la leyenda que afirma que, bajo él, la esposa de Boabdil se veía en secreto con un abencerraje, lo que motivó la ira del Rey y el degüello de los miembros de este grupo de caballeros y guerreros. Son esos cipreses los que encierran el patio en un espacio de intimidad y recogimiento únicos de gran belleza.

A partir del Patio de los Cipreses, y subiendo por la Escalera del Agua, llegarás a los Jardines Altos del Palacio, una escalera de una belleza singular por la cual discurre un canalillo de agua oculto que sale a la superficie en los diferentes descansillos circulares con fuentes bajas que va formando la escalera a medida que ascendemos por ella, completándose el conjunto con unos pasamanos a ambos lados de la escalera que transportan agua de la Acequia Real, la misma que pasa por el canal del Patio de la Acequia, quedando toda la escalera protegida y cubierta por un techo de árboles que se inclinan y que crean un espacio de frescor y tranquilidad en el que el tintineo del agua nos eleva a niveles de paz y sosiego únicos.

A partir de los Jardines altos, y con acceso al Patio de los Cipreses el Paseo de las Adelfas, un largo sendero cubierto de adelfas en su parte superior a modo de bóveda y que constituye toda una experiencia el disfrutar de un pausado paseo por su interior. En este Paseo de las Adelfas se encuentra uno de los ejemplares más antiguos que se conserva de arrayán morisco.

Te recomendamos visitar el Generalife a primera hora de la mañana, ya que la experiencia es realmente deliciosa, con el aroma de las flores y el frescor de la mañana, contemplando una estampa preciosa de La Alhambra al amanecer y El Albaicín en el otro extremo. Es un espectáculo realmente delicioso para los sentidos perderse por los rincones del Generalife, por sus jardines y disfrutar del sonido del agua bailando y jugando en sus fuentes, escondidas entre la frondosa y cuidada vegetación que las protege.