El Museo Guggenheim

El Museo Guggenheim: símbolo de la integración entre tradición y modernidad…

Sin duda alguna, uno de los símbolos actuales de Bilbao (por no decir el más importante) es el Museo Guggenheim, un edificio impresionante que se levanta majestuoso junto a la Ría, proclamando su poderío arquitectónico a todo el que lo contempla, un poderío que encierra, al mismo tiempo, un impresionante catálogo de arte contemporáneo que sitúa a la ciudad de Bilbao en la órbita de las ciudades más importantes del Mundo en este terreno.

Efectivamente, El Museo Guggenheim de Bilbao forma parte de la red de museos pertenecientes a la Fundación Guggenheim, donde se encuadran, entre otros, los museos de Nueva York, el de Venecia, el de Berlín o el de Las Vegas, lo que le confiere un prestigio que pocos museos de arte contemporáneo del Mundo ostentan, lo cual, acompañado por la impresionante estructura de cinc y titanio del edificio, hace del Museo Guggenheim de Bilbao todo un símbolo de modernidad para la ciudad.

Ciertamente, el Guggengeim de Bilbao presenta un diseño arriesgado que, en su momento, recibió críticas desde la presentación del proyecto hasta la inauguración definitiva del museo el 18 de octubre de 1997; críticas que fueron atenuándose con el paso de los años, incluso por parte de los críticos más acérrimos, como fue el caso de Jorge Oteiza, quien calificó al Museo como “Fábrica de quesos”, al tiempo que juraba que nunca expondría en el Guggenheim de Bilbao. Juramento que incumplió años después. Y es que, desde sus inicios, este Museo no dejó indiferente a nadie, algo que sigue ocurriendo, aunque, en términos generales, son hoy día más los que aplauden el diseño y la planta del edificio que los que lo critican.

Así, poco a poco, el Museo Guggenheim de Bilbao ha ido convirtiéndose en uno de los símbolos más emblemáticos de esta ciudad por la modernidad, pero sin renunciar a la tradición que caracteriza al pueblo bilbaíno, ejemplo de lo cual es la perfecta integración del edificio en el entorno de la Ría, asemejando su estampa a la de un buque que navega por ella, fundiéndose a el tono grisáceo y metálico de la estructura exterior del edificio con el entorno a la perfección. Así lo pretendía Frank O. Gehry, el arquitecto a quien se encomendó el proyecto de construcción del Museo, quien tomó como base el diseño del Auditorio Walt Disney, proyecto que no llegó a llevarse a cabo finalmente.

Formas curvas, retorcidas pero armoniosas, volúmenes de piedra caliza, titanio y cristal interconectados entre si, una textura visual rugosa gracias al especial labrado de las planchas de titanio que recubren el Museo asemejando unas escamas de pez, dotan al edificio creado por el norteamenricano Frank O. Gehry de una belleza singular, una obra de arte contemporáneo en si misma considerada que tiene como telón de fondo el Puente de La Salve, la Ría, el Casco Viejo de Bilbao y las laderas del Monte Artxanda, lo que constituye un conjunto de una belleza plástica llena de contrastes sin igual, aunando el Bilbao más tradicional con el más innovador.

Y es que la especial ubicación del Museo, integrando el río con El Ensanche de la ciudad, hace que el Guggenheim esté a un paso del Bilbao más antiguo y del Bilbao más moderno, siendo así directamente accesible desde ambas zonas, confluyendo las mismas en la zona de Abandoibarra, donde se ubica el edificio, rodeado de paseos peatonales, siendo su entorno, por tanto, un lugar ideal para el esparcimiento y la relajación contemplando y disfrutando de un espacio que constituye un seductor telón de fondo para disfrutar del arte más innovador sobre la base de la antigua zona industrial de Bilbao. Todo un símbolo de la apuesta de esta ciudad por la modernidad, transformando aquella ciudad gris de la Revolución Industrial en una ciudad en la que tradición, arte, cultura e innovación se integran a la perfección.

La Fundación Guggenheim

La “Solomon R. Guggenheim Foundation” fue creada en 1937 y tiene como misión promover la comprensión y apreciación del arte, la arquitectura y demás manifestaciones modernas y contemporáneas. Tiene el objetivo de coleccionar, conservar e investigar el arte de nuestro tiempo, misión que cumple a través de exposiciones excepcionales, actividades educativas, programas de investigación y publicaciones, tratando de interesar y educar a un público internacional cada vez más diverso a través de una red única de museos y alianzas culturales.

En la actualidad, la “Solomon R. Guggenheim Foundation” posee y gestiona tres museos: el “Solomon R. Guggenheim Museum” de la Quinta Avenida de Nueva York; la “Peggy Guggenheim Collection” en el Gran Canal de Venecia; y el “Guggenheim Hermitage Museum” en Las Vegas. Asimismo, la Fundación también aporta programación y recursos a otros dos museos europeos que llevan su nombre: el Museo Guggenheim Bilbao y el “Deutsche Guggenheim” de Berlín, a lo que se une el hecho de que la Fundación amplía su ámbito de actuación a través de su red internacional de instituciones y alianzas que incluyen al Museo Estatal del Ermitage en San Petersburgo, y al “Kunsthistorisches Museum de Viena”, y también a través de una Colección Permanente en expansión, de un dinámico programa de exposiciones especiales y de sus actividades educativas.

Todo lo anterior hace que los museos que forman parte de la Fundación Guggenheim conviertan a esta red en una de las instituciones culturales más visitadas de todo el Planeta. A ello se unen los proyectos de nuevos museos como el de Abu Dhabi, que como característica común a todos los que integran la red de la Fundación Guggenheim, se caracterizan por un arriesgado, innovador y, sin duda, bello diseño.

La Fundación Guggenheim en la que se encuadra el Museo de Bilbao, como indicamos, fue creada en 1937 por Solomon R. Guggenheim, miembro de una importantísima y poderosísima familia judía estadounidense, descendiente del empresario minero y metalúrgico Meyer Guggenheim, quien dedico el final de su vida a obras filantrópicas y de mecenazgo. Estas obras influyeron decisivamente en sus herederos, quienes también dedicaron parte de sus fortunas a esos fines, siendo la fundación creada por Solomon R. Guggenheim en 1937 la que mayor renombre y prestigio adquirió internacionalmente.

Sin embargo, a pesar de la adscripción del Museo Guggenheim de Bilbao a la Fundación Guggenheim, no hay que olvidar que la construcción del edificio se realizó exclusivamente con fondos del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco. De ahí que el Museo bilbaíno no sea propiedad de la Fundación y que la gestión corresponda en exclusiva al Gobierno Vasco. No obstante, el beneficio de pertenecer al circuito de museos de la Fundación Guggenheim radica en que, una vez puesto en marcha, el Guggenheim de Bilbao entra dentro de la programación y fondos artísticos del resto de museos adscritos a la Fundación, por lo que lo dota de una riqueza de fondos artísticos inigualable que comparte con el resto de museos Guggenheim del Mundo.

Estos fondos a los que se unen los propios de la cultura contemporánea vasca se distinguen en dos tipos de colecciones. La primera de ellas es la colección permanente de la Fundación que es la colección que cuentan los diferentes museos que forman parte de la red de la Fundación Guggenheim, de modo que cada una de las colecciones propias de cada uno de los museos integra la colección permanente de la Fundación; lo que permite ofrecer visiones más completas y diversas del arte de nuestro tiempo, de una forma dinámica y siempre cambiante.

La segunda colección es la propia de cada museo. Como indicamos, cada una de las colecciones propias de los museos integrados en la “Red Guggenheim” constituye la colección permanente de la Fundación, la cual permite llevar a cabo programaciones dinámicas e itinerantes que enriquecen a todos y cada uno de los museos de la referida red.

Así, por ejemplo, el “Solomon R. Guggenheim Museum” de Nueva York aporta los fondos más importantes, ya que, se puede decir, es la matriz de la “Red Guggenheim”, permitiendo nutrir de la mayor colección de obras de arte de los siglos XX y XXI al resto de museos. Por su parte, la “Peggy Guggenheim Collection” de Venecia (museo fundado por la sobrina de Solomon R. Guggenheim), reúne una colección de arte moderno inigualable a partir de finales de la década de 1930 en el París y el Londres prebélico, así como de la escuela americana de Expresionismo Abstracto, sin olvidar su extraordinaria colección de Surrealismo y obras de Jackson Pollock. Por contra, la “Deutsche Guggenheim” de Berlín aporta a la “Red Guggenheim” una perspectiva diferente, ya que, en lugar de atesorar obras, su función principal es la de promover la creación de arte moderno de consagrados y nuevos talentos, aportando así a la colección permanente una riqueza artística actualizada, no solamente en el terreno pictórico, sino también en el fotográfico, el escultórico y el cinematográfico. Una línea similar a la adoptada por el Museo Guggenheim de Bilbao, aunque éste sin renunciar a la adquisición de obras pictóricas del siglo XX, al tiempo que apostando por nuevos valores de la cultura vasca y española.

De esta forma, la integración del Museo Guggenheim de Bilbao en la Fundación Guggenheim hace que las posibilidades del museo bilbaíno sean inmensas e inagotables, colocándole entre los museos más importantes del Mundo, con una proyección inigualable.

El Museo Guggenheim de Bilbao en detalle

El arquitecto Philip Johnson dijo que el Museo Guggenheim de Bilbao era el “mejor edificio de nuestra época”, una afirmación que puede resultar exagerada para algunos pero que, ciertamente, se puede compartir al contemplar el monumental edificio que se levanta junto a la Ría de Bilbao. 24.000 m2, de los cuales 11.000 se dedican a exposiciones, todo ello en un diseño innovador, de líneas curvas y retorcidas labradas en titanio, piedra caliza y cristal, todo ello respondiendo a la lógica matemática ideada por su renombrado arquitecto Frank O. Gehry.

A la majestuosidad del edificio, que en si constituye una verdadera obra de arte, contribuye su ubicación: junto al Puente de La Salve, al abrazo de la Ría de Bilbao, con los edificios del Casco Viejo de la ciudad al frente y las laderas del Monte Artxanda al fondo. Así, el Museo integra a la perfección la zona más tradicional de la ciudad con la más dinámica, convirtiéndose en punto nexo de unión entre lo viejo y lo nuevo, entre la tradición y lo contemporáneo.

Efectivamente, el Museo Guggenheim de Bilbao se encuentra ubicado en un lugar clave de la ciudad, siendo accesible desde la Calle Iparraguirre, la cual nos conduce hasta la misma puerta del Museo, donde nos recibe el “Puppy”, una estatua de flores naturales que representa un perro sentado, estatua que iba a tener carácter temporal pero que se ha consolidado como permanente, siendo así un símbolo de identidad más del Museo. A partir del “Puppy” descendemos hasta la plaza del Museo y estamos ya a las puertas del mismo, listos para adentrarnos en las entrañas de este impresionante edificio.

Al entrar accedemos a su vestíbulo organizado en torno al eje central del atrio, donde encontramos los servicios al público del Museo, tales como las taquillas, el restaurante, la tienda-librería o el guardarropía; servicios que son accesibles fuera del horario de apertura del Museo, por lo que, por ejemplo, puedes disfrutar de la cocina de su restaurante aunque el Museo esté cerrado.

Una vez flanqueado el vestíbulo, accedemos al atrio del Museo, el cual resulta realmente impresionante. Efectivamente, el atrio está constituido por un espacio acristalado con vistas a la Ría y a los montes que circundan la ciudad, iluminando todo el lugar con luz natural. Este es un espacio diseñado a propósito con una altura impresionante para dar cabida a grandes exposiciones que requieren de una instalación titánica, por lo que además de ser la zona de acceso a las diferentes salas de exposiciones, en si misma es una zona expositiva, si bien con la finalidad singular de acoger a descomunales monumentos de arte que, desde luego, impresionan y absortan al visitante.

El atrio central es el eje en torno al cual se organizan los tres niveles de galerías con que cuenta el edificio con sus 20 salas, de modo que, se puede considerar, que es el corazón que da vida al Museo, impulsando a sus visitantes por sus arterias expositivas, conectándolas entre sí a través de una serie de pasarelas con formas curvas, escaleras y ascensores acristalados.

Las salas de forma octogonal son las salas clásicas de exposición que se pueden encontrar en todos los museos, pudiéndose identificar desde el exterior porque coinciden con la zona recubierta de piedra caliza del Museo. Son 10 salas en total.

Las salas de forma irregular se identifican desde el exterior porque coinciden con la zona recubierta de titanio. Su especial forma irregular hace que se pueda jugar con sus volúmenes a la hora de exponer, lo que, en ocasiones, crea sensaciones que benefician de sobremanera a las obras expuestas.

La Sala 104 “ArcelorMittal” es una sala especial de dimensiones gigantescas, ya que cuenta con 130 metros de largo y 30 de ancho, ocupando un espacio diáfano de columnas, lo que permite que esta sala especial se destine a la exposición de obras de gran formato. Esta sala es fácilmente identificable desde el exterior al atravesar el Puente de La Salve por debajo, dando la sensación de que lo abraza. Cuenta con una entrada independiente al resto del Museo y es en esta sala donde se ubica, de forma permanente, la exposición “La Materia del Tiempo”, de Richard Serra, un conjunto de ocho esculturas que se integran en la estructura del Museo, conformando siete esculturas que se unen todas ellas a una principal en forma de serpiente.

En el Museo Guggenheim de Bilbao se ha cuidado cada uno de los detalles para proclamar que el propio edificio es en si una obra de arte gigantesca y espectacular que atesora lo mejor del arte contemporáneo en su interior, pero también en su exterior. Así, la majestuosidad y el impresionante diseño del Museo se ven acompañados por pequeños detalles que, escapándose al visitante que lo desconoce, son obras de arte permanentes que se integran a la perfección en el espíritu del edificio, como si de una pieza más del puzzle que es el Guggenheim de Bilbao se tratara, como es el caso de:

Los “Tulipanes”: Se trata de una obra de Jeff Koons expuesta y, al mismo tiempo, decorando, la terraza del Museo Guggenheim, representando un ramo de siete tulipanes de colores, elaborada en acero inoxidable, que recuerda a los globos hinchables de colores y formas que se venden en las ferias para los niños. Una obra de arte que enriquece las vistas desde la terraza del Museo, contrastando de una forma original con el paisaje.

La “Fuente de Fuego”: A simple vista, si visitamos el Museo al atardecer o por la noche, nos puede parecer un elemento decorativo más del exterior del edificio. Sin embargo, se trata de una verdadera obra de arte del autor Yves Klein, consistente en unos cañones que despiden llamaradas de fuego de colores desde las entrañas mismas del agua; todo un espectáculo de plasticidad, contraste y belleza que adorna los atardeceres del Museo.

“Niebla”: De la misma forma que la “Fuente de Fuego”, la obra “Niebla”, de Fujiko Nakaya, juega con los elementos de la naturaleza sobre el agua, lo que nos permite disfrutar del espectáculo de la niebla elevándose desde el agua frente al Museo, lo que refuerza la sensación de un inmenso buque de titanio que remonta pausadamente la Ría de Bilbao.

El “Puppy”: Ya nos hemos referido anteriormente a esta obra de Jeff Koons, un perrito (un “West Highland Terrier”) gigantesco de 12 metros de altura elaborado a base de flores de colores naturales que son renovadas dos veces al año, recubriendo un entramado formado por una malla metálica.

“Mamá”: Aparenta más bien una inmensa araña junto a la Ría, paseando por su orilla junto al Museo, aunque su nombre nos quiere indicar que la artista (Louise Bourgeois) pretende ensalzar con ella los valores y la figura materna. En todo caso, queda a elección del visitante el determinar a qué se asemeja realmente, aunque, de cualquier forma, resulta una escultura impresionante que contrasta sobremanera con el entorno.

El Puente de La Salve: Todo un ejemplo de cómo se puede integrar a la perfección un elemento arquitectónico nuevo como es el Museo Guggenheim con otro ya existente desde hace décadas. Efectivamente, el Puente de La Salve (cuyo nombre oficial es el de “Puente Príncipes de España”) fue inaugurado en 1972 con una finalidad exclusivamente funcional, ya que con su construcción se pretendía aligerar el tráfico de la ciudad y, además, permitir el paso por debajo de él de buques de gran altura, de ahí que se tratara de una construcción de más de 20 metros de altura sin carácter móvil, sino fijo. Sin embargo, de la misión funcional que conserva, el Puente de La Salve a pasado a integrarse como un elemento más del Museo.

Bilbao y su Museo han quedado ya indisolublemente unidos, siendo indispensable visitar el Guggenheim si decides viajar a esta ciudad. Resulta difícil resumir en palabras lo que para esta ciudad significa este Museo, una marca de identidad, de calidad, de excelencia y de cultura en España y en el Mundo que no te puedes perder.

Para organizar tu visita al Museo te recomendamos visitar la página oficial del Museo Guggenheim Bilbao, ya que en ella encontrarás detallada información sobre su programación expositiva, actividades paralelas, eventos, mapas y planos, accesos al Museo, así como la posibilidad de comprar entradas con antelación suficiente, recordándote que las tarifas pueden variar según la fecha en que visites el Museo. En cualquier caso, te reiteramos que la visita al Museo Guggenheim es obligada en tu viaje a Bilbao.

Los pueblos más bonitos de Andalucía

Con su curiosa mezcla de majestuosidad árabe y romana, reliquias, y encanto rústico español, dónde las torres de montañas brotan por encima de los ríos y cañones, no es de extrañar que Andalucía siga siendo una de las regiones más visitadas de la península ibérica. He aquí un vistazo a los 10 lugares más maravillosos de Andalucía.

Arcos de la Frontera

Con caminos a lo largo de una cresta de piedra por encima de las verdes tierres ribereñas del Valle del Guadalete, el pueblo de Arcos de la Frontera es algo así como la réplica de una Andalucía  griega de Santorini. Sus casas e iglesias brillan de un color blanco brillante bajo el sol, mientras que los tonos marrones orgánicos del Castillo son los que coronan la cima de la colina. Arcos era una fortaleza árabe del siglo 11, fue capturado por los cristianos en 1250 y formó uno de los puntos focales de defensa a lo largo de las líneas fronterizas entre los califatos medievales y los cruzados (de ahí el sufijo ‘de la Frontera’).

Alhama de Granada

Ubicado en medio de un mar de plantaciones de olivos, ondulantes campos de cebada y grupos de álamos y pinos, se encuentra Alhama de Granada. Es una ciudad de postal, ubicada bajo las crestas de Sierra Nevada que cuenta con unas preciosas vistas con montones de nieve durante el invierno. El centro se alza sobre el borde de una escarpada montaña, lo que añade un toque natural a los cuadrados de adoquines. Cerca de allí, el río Alhama serpentea su camino lentamente hacia la costa sur, atravesado por puentes romanos de liquen manchado.

 

 

Mijas

Alrededor de Málaga y Marbella, se cuentra uno de los pueblos favoritos de los excursionistas desde siempre. Mijas ofrece un golpe de encanto tradicional de los Pueblos Blancos, con vistas hacia el mar azul del Mediterráneo y hacia las mesetas de la Costa del Sol. La parte histórica de la ciudad, conocida como Mijas Pueblo, presenta infinidad de calles estrechas y pequeñas, y sus típicos techos de tejas rojas. La otra mitad del municipio, Mijas Costa, vibra con los omnipresentes bares anglo-españoles y deportes acuáticos.

 

Gaucín

A través de las crestas verdes del Parque Natural Sierra de Grazalema, y con un blanco deslumbrador, Gaucín ha sido la fuente de inspiración de poetas, pintores y artistas desde que fue descubierto por primera vez por viajeros de una corriente a mediados del siglo 19. Hasta entonces, este pequeño pueblo unido por calles arboladas y casas encaladas era un rústico pueblo de una Andalucía intacta. Ese carácter bucólico todavía permanece hoy en día entre las plazas somnolientas y restaurantes ocultos, a través de las expansiones selváticas de plantaciones de alcornoques y castaños, y en cada detalle de toda la naturaleza de la Cordillera Subbética.

Ronda

A través del cañón del Tajo, Ronda se encuentra con orgullo encima de una serie de acantilados en lo más profundo de la provincia de Málaga, entre las crestas de la Sierra de Grazalema y los alcances de pinos de la Sierra de las Nieves. Es una ciudad que estalla con interés histórico desde el primer momento, con puentes en arco romano, una maravillosa arquitectura árabe, y la plaza de toros más antigua de toda España (la plaza de toros de Ronda). También está adornada con un apasionante laberinto de históricos callejones que nos llevan a ver las maravillosas puertas góticas de la parroquia de Santa María la Mayor.

Nerja

Ubicado en los bordes meridionales de las sierras de Tejeda, a unos 50 km al éste de Málaga, Nerja sobresale de las brillantes aguas costeras del centelleante mar Mediterráneo. Habiendo sido habitada por romanos, moros y cristianos, hoy en día la ciudad yuxtapone acueductos que se desmoronan con condominios de moda, y la arquitectura mudéjar con la mezcla burbujeante de cafeterías, restaurantes de mariscos y lugares para tomar el sol. No se pierda las cercanas cuevas de Nerja, donde los restos humanos descubiertos datan de hace más de 25.000 años.

La Taha de Pitres

Ubicado en las profundidades de los valles de las Alpujarras de Andalucía oriental, La Taha de Pitres es la imagen misma del rústico sur de España. Es pequeño y con encanto, el centro es un conjunto de cabañas simple y solitario, rodeado por arboledas de robles y castaños y algún pino mediterráneo. A su alrededor, senderos serpentean en las colinas, y las puntas nevadas de la Sierra Nevada y el crujido de los carros de los agricultores se mezclan con el crujir de los pasos que se mueven entre las casas de adobe.

Alora

Ubicado a la perfección sobre una serie de tres cimas al noroeste de Málaga, el Pueblo Blanco de Álora lleva las marcas de la antigua Grecia (los fenicios primero contruyeron su hogar aquí, utilizando el alza de la colina como fortaleza), de romanos, de estilo gótico y de musulmanes por igual. La ciudad en sí es una perfecta imagen de postal de un asentamiento andaluz tradicional, rematado con toques de rojo terracota, surcada por ondulantes líneas. La plaza, de vez en cuando bañada por el sol,  es perfecta para las tapas al aire libre en una mezcla fresca de aceitunas y caldos regionales.

Zahara de la Sierra

Zahara de la Sierra se siente enriquecida con su Juego de Tronos que sobresale de una columna escarpada de roca en las afueras de la provincia de Cádiz. Está considerado como uno de los Pueblos Blancos más impresionantes en la región, que sale de la ladera de una montaña en medio de las colinas escarpadas de la Sierra del Jaral, inundado de callejuelas adoquinadas y salpicada de encantadores sitios como la Torre del Reloj, que repercuten en cada esquina con el encanto morisco-andaluz, que proviene de los gobernantes musulmanes que dominaban estas tierras hasta principios del siglo 13.

Grazalema

Ubicado en su propio enclave de la montaña en el corazón de su parque natural del mismo nombre, la pequeña ciudad de Grazalema es uno de los pocos puntos urbanos de gracia en el interior salvaje de la Sierra del Endrinal. Famoso por su entorno natural, está rodeado por franjas de abeto verde español y montones de praderas vírgenes que florecen en vivo con la llegada de la primavera. Entre las calles estrechas del centro, se divisan cestas colgantes, mientras que la Plaza de España está rodeada de pequeños restaurantes llenos de vida y la Iglesia de la Encarnación domina con espíritu encantador.

Historia del Museo Guggenheim de Bilbao

El Museo Guggenheim de Bilbao, es uno de los más populares de España. Los trámites para poner en marcha la creación de este museo comenzaron a principios del año 1991, cuando diferentes responsables de las Administraciones Vascas se pusieron en contacto con la Solomon R. Guggenheim Foundation para proponerle su participación en parte de su plan de revitalización de Bilbao y del País Vasco en general.

La propuesta fue acogida con muchas ganas, puesto que ya había sido aprobado un programa de desarrollo de la Fundación a largo plazo basado en una estructura con emplazamientos en todo el mundo, para crear un grupo coordinado de instituciones culturales. Después de meses de negociaciones, a finales de este mismo año, el gobierno Vasco, la Diputación Foral de Bizkaia y la Solomon R. Guggenheim Foundation firmaban en el Palacio de la Diputación de Bizkaia, el acuerdo de Servicios de Desarrollo y Programación para el museo.

Una vez elegido el lugar adecuado, en julio de 1992 el Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia, constituyeron el Consorcio del proyecto Guggenheim de Bilbao, cuya finalidad sería supervisar la planificación y construcción del museo, nombrando a Juan Ignacio Vidarte, Director Gerente de dicha entidad.

En octubre de 1994 comenzó a levantarse la estructura del museo y anrtes de finalizar el año, se firmó el Acuerdo de gestión entre la Solomon R. Guggenheim Foundation y las Administraciones Vascas, en virtud de la cual se establecen los términos de su colaboración en relación al museo.

Tras la finalización de la construcción del edificio y su dotación de estructura técnica, el 3 de octubre se inicia una quincena de actos inaugurales que culmina el 19 de octubre con la apertura del Museo al público. Transcurrido menos de un año, más de 1.300.000 personas han visitado ya el Museo.