Los pueblos más bonitos de Andalucía

Con su curiosa mezcla de majestuosidad árabe y romana, reliquias, y encanto rústico español, dónde las torres de montañas brotan por encima de los ríos y cañones, no es de extrañar que Andalucía siga siendo una de las regiones más visitadas de la península ibérica. He aquí un vistazo a los 10 lugares más maravillosos de Andalucía.

Arcos de la Frontera

Con caminos a lo largo de una cresta de piedra por encima de las verdes tierres ribereñas del Valle del Guadalete, el pueblo de Arcos de la Frontera es algo así como la réplica de una Andalucía  griega de Santorini. Sus casas e iglesias brillan de un color blanco brillante bajo el sol, mientras que los tonos marrones orgánicos del Castillo son los que coronan la cima de la colina. Arcos era una fortaleza árabe del siglo 11, fue capturado por los cristianos en 1250 y formó uno de los puntos focales de defensa a lo largo de las líneas fronterizas entre los califatos medievales y los cruzados (de ahí el sufijo ‘de la Frontera’).

Alhama de Granada

Ubicado en medio de un mar de plantaciones de olivos, ondulantes campos de cebada y grupos de álamos y pinos, se encuentra Alhama de Granada. Es una ciudad de postal, ubicada bajo las crestas de Sierra Nevada que cuenta con unas preciosas vistas con montones de nieve durante el invierno. El centro se alza sobre el borde de una escarpada montaña, lo que añade un toque natural a los cuadrados de adoquines. Cerca de allí, el río Alhama serpentea su camino lentamente hacia la costa sur, atravesado por puentes romanos de liquen manchado.

 

 

Mijas

Alrededor de Málaga y Marbella, se cuentra uno de los pueblos favoritos de los excursionistas desde siempre. Mijas ofrece un golpe de encanto tradicional de los Pueblos Blancos, con vistas hacia el mar azul del Mediterráneo y hacia las mesetas de la Costa del Sol. La parte histórica de la ciudad, conocida como Mijas Pueblo, presenta infinidad de calles estrechas y pequeñas, y sus típicos techos de tejas rojas. La otra mitad del municipio, Mijas Costa, vibra con los omnipresentes bares anglo-españoles y deportes acuáticos.

 

Gaucín

A través de las crestas verdes del Parque Natural Sierra de Grazalema, y con un blanco deslumbrador, Gaucín ha sido la fuente de inspiración de poetas, pintores y artistas desde que fue descubierto por primera vez por viajeros de una corriente a mediados del siglo 19. Hasta entonces, este pequeño pueblo unido por calles arboladas y casas encaladas era un rústico pueblo de una Andalucía intacta. Ese carácter bucólico todavía permanece hoy en día entre las plazas somnolientas y restaurantes ocultos, a través de las expansiones selváticas de plantaciones de alcornoques y castaños, y en cada detalle de toda la naturaleza de la Cordillera Subbética.

Ronda

A través del cañón del Tajo, Ronda se encuentra con orgullo encima de una serie de acantilados en lo más profundo de la provincia de Málaga, entre las crestas de la Sierra de Grazalema y los alcances de pinos de la Sierra de las Nieves. Es una ciudad que estalla con interés histórico desde el primer momento, con puentes en arco romano, una maravillosa arquitectura árabe, y la plaza de toros más antigua de toda España (la plaza de toros de Ronda). También está adornada con un apasionante laberinto de históricos callejones que nos llevan a ver las maravillosas puertas góticas de la parroquia de Santa María la Mayor.

Nerja

Ubicado en los bordes meridionales de las sierras de Tejeda, a unos 50 km al éste de Málaga, Nerja sobresale de las brillantes aguas costeras del centelleante mar Mediterráneo. Habiendo sido habitada por romanos, moros y cristianos, hoy en día la ciudad yuxtapone acueductos que se desmoronan con condominios de moda, y la arquitectura mudéjar con la mezcla burbujeante de cafeterías, restaurantes de mariscos y lugares para tomar el sol. No se pierda las cercanas cuevas de Nerja, donde los restos humanos descubiertos datan de hace más de 25.000 años.

La Taha de Pitres

Ubicado en las profundidades de los valles de las Alpujarras de Andalucía oriental, La Taha de Pitres es la imagen misma del rústico sur de España. Es pequeño y con encanto, el centro es un conjunto de cabañas simple y solitario, rodeado por arboledas de robles y castaños y algún pino mediterráneo. A su alrededor, senderos serpentean en las colinas, y las puntas nevadas de la Sierra Nevada y el crujido de los carros de los agricultores se mezclan con el crujir de los pasos que se mueven entre las casas de adobe.

Alora

Ubicado a la perfección sobre una serie de tres cimas al noroeste de Málaga, el Pueblo Blanco de Álora lleva las marcas de la antigua Grecia (los fenicios primero contruyeron su hogar aquí, utilizando el alza de la colina como fortaleza), de romanos, de estilo gótico y de musulmanes por igual. La ciudad en sí es una perfecta imagen de postal de un asentamiento andaluz tradicional, rematado con toques de rojo terracota, surcada por ondulantes líneas. La plaza, de vez en cuando bañada por el sol,  es perfecta para las tapas al aire libre en una mezcla fresca de aceitunas y caldos regionales.

Zahara de la Sierra

Zahara de la Sierra se siente enriquecida con su Juego de Tronos que sobresale de una columna escarpada de roca en las afueras de la provincia de Cádiz. Está considerado como uno de los Pueblos Blancos más impresionantes en la región, que sale de la ladera de una montaña en medio de las colinas escarpadas de la Sierra del Jaral, inundado de callejuelas adoquinadas y salpicada de encantadores sitios como la Torre del Reloj, que repercuten en cada esquina con el encanto morisco-andaluz, que proviene de los gobernantes musulmanes que dominaban estas tierras hasta principios del siglo 13.

Grazalema

Ubicado en su propio enclave de la montaña en el corazón de su parque natural del mismo nombre, la pequeña ciudad de Grazalema es uno de los pocos puntos urbanos de gracia en el interior salvaje de la Sierra del Endrinal. Famoso por su entorno natural, está rodeado por franjas de abeto verde español y montones de praderas vírgenes que florecen en vivo con la llegada de la primavera. Entre las calles estrechas del centro, se divisan cestas colgantes, mientras que la Plaza de España está rodeada de pequeños restaurantes llenos de vida y la Iglesia de la Encarnación domina con espíritu encantador.

El Generalife

Nada más entrar en La Alhambra de Granada encontrarás El Generalife, algo más que unos preciosos jardines, ya que se encuentran repletos de rincones escondidos, de pequeños jardines recoletos cuyo objetivo era obtener momentos de paz y relajación, y, cómo no, para practicar los juegos amorosos en todos y cada de los mágicos lugares que en estos jardines invitan a ello.

Nada más entrar en La Alhambra, a la derecha tienes El Generalife. Mira en tu entrada la hora que tienes marcada para visitar los Palacios Nazaríes, ya que, si has llegado con el tiempo justo, es preferible que dejes la visita al Generalife para el final.

En el mapa que encontrarás al final tienes indicada la ubicación de El Generalife. Fíjate que, tras entrar en La Alhambra, se sitúa a la derecha y, a partir de su mirador, tienes una panorámica envidiable de Granada y del Albaicín con sus Cármenes.

El Generalife ocupa el Cerro del Sol, datando su construcción del siglo XIII, obra del Sultán nazarí Muhammad II, siendo concebido como un elemento exterior de La Alhambra, a modo de jardines y huertas decorativos y de relax palaciego, contando con dos edificaciones principales que se encuentran conectadas por el Patio de la Acequia y que han sido objeto de múltiples reformas posteriores desde su construcción.

Efectivamente, El Generalife cuenta con tres elementos fundamentales de entre los que destaca el Patio de la Acequia, un amplísimo patio de tipo longitudinal, siendo uno de sus elementos identificadores el canal que lo atraviesa y divide y que conduce las aguas de la Acequia Real de La Alhambra, hallándose rodeado de vegetación ajardinada de diferentes especies (destacando los naranjos, arrayanes y cipreses) y cerrado por dos pabellones, los cuales presentan pisos superiores con estancias y miradores. El canal central que da vida al Patio de la Acequia se encuentra adornado por múltiples fuentes de agua que lo jalonan y que otorgan al conjunto la musicalidad propia del agua rompiendo en múltiples gotas y del que tanto gustaban los árabes, tal y como se puede comprobar a lo largo del recorrido de La Alhambra. En el propio Patio de la Acequia, al fondo, se accede a la Sala Regia, la cual se encuentra tras un pórtico de cinco arcos, destacando la preciosa decoración en yesería de esta Sala.

A partir del Patio de la Acequia (en concreto, a partir de la Sala Regia y a través de unas escaleras) puedes acceder a otra de las construcciones principales del Generalife: el Patio de los Cipreses. Este Patio de los Cipreses cuenta con un estanque central que se encuentra rodeado por setos de arrayán, existiendo en el centro del propio estanque, a su vez, un pequeño estanque con una fuente de piedra, completándose el conjunto por una serie de chorros de agua que caen sobre el agua y que vuelven a reproducir el dulce tintineo de ésta tan característico de La Alhambra.

Sin embargo, lo más característico de este patio son, precisamente, los cipreses que le dan nombre, destacando sobremanera el llamado “Ciprés de la Sultana” (de ahí que también sea conocido como el “Patio del Ciprés de la Sultana”), ciprés que debe su nombre a la leyenda que afirma que, bajo él, la esposa de Boabdil se veía en secreto con un abencerraje, lo que motivó la ira del Rey y el degüello de los miembros de este grupo de caballeros y guerreros. Son esos cipreses los que encierran el patio en un espacio de intimidad y recogimiento únicos de gran belleza.

A partir del Patio de los Cipreses, y subiendo por la Escalera del Agua, llegarás a los Jardines Altos del Palacio, una escalera de una belleza singular por la cual discurre un canalillo de agua oculto que sale a la superficie en los diferentes descansillos circulares con fuentes bajas que va formando la escalera a medida que ascendemos por ella, completándose el conjunto con unos pasamanos a ambos lados de la escalera que transportan agua de la Acequia Real, la misma que pasa por el canal del Patio de la Acequia, quedando toda la escalera protegida y cubierta por un techo de árboles que se inclinan y que crean un espacio de frescor y tranquilidad en el que el tintineo del agua nos eleva a niveles de paz y sosiego únicos.

A partir de los Jardines altos, y con acceso al Patio de los Cipreses el Paseo de las Adelfas, un largo sendero cubierto de adelfas en su parte superior a modo de bóveda y que constituye toda una experiencia el disfrutar de un pausado paseo por su interior. En este Paseo de las Adelfas se encuentra uno de los ejemplares más antiguos que se conserva de arrayán morisco.

Te recomendamos visitar el Generalife a primera hora de la mañana, ya que la experiencia es realmente deliciosa, con el aroma de las flores y el frescor de la mañana, contemplando una estampa preciosa de La Alhambra al amanecer y El Albaicín en el otro extremo. Es un espectáculo realmente delicioso para los sentidos perderse por los rincones del Generalife, por sus jardines y disfrutar del sonido del agua bailando y jugando en sus fuentes, escondidas entre la frondosa y cuidada vegetación que las protege.

La Medina

Una vez que has visto El Generalife, entrarás en La Alhambra propiamente dicha, atravesando una puerta (la Puerta de los Siete Suelos, en la que, según la leyenda, entregó Boabdil las llaves de Granada a los Reyes Católicos), entre La Torre del Cabo y La Torre del Agua, sobre un foso que te conducirá a La Medina.

En La Medina vas a encontrar un espacio amurallado en el que quedan vestigios de una ciudadela que contaba con mezquita, madraza, aljibes, viviendas de nobles, talleres y viviendas de artesanos, un cementerio o “rauda”, el Palacio del Secano …, por lo que puedes imaginar que era una zona de ferviente actividad en La Alhambra, sobre todo en el aspecto industrial y comercial.

Efectivamente, La Medina era una verdadera ciudad dentro de La Alhambra, en la que se desarrollaba toda la vida cotidiana de la ciudadela, encontrándose aquí ubicados los talleres de artesanos, los comercios, las escuelas, los mercados, los lugares de culto, …, lo que convertía a este espacio en el corazón de La Alhambra, un lugar lleno de vida y actividad del que, lamentablemente, sólo quedan los restos y cimientos de las edificaciones de antaño, ya que el lugar fue arrasado durante la Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas.

Entre esos restos se encuentran el Palacio Yusuf III y los restos del palacio árabe sobre los que se asienta ahora el Parador de San Francisco, completándose el conjunto por un espacio ajardinado y perfectamente cuidado protegido, a un lado, por las murallas de La Alhambra y, por otro, por El Partal, contemplándose a lo lejos El Generalife y El Albaicín, un lugar perfecto para disfrutar de unos momentos de intimidad, paz y relajación contemplando el lugar en el que hace siglos la vida cotidiana de los habitantes de La Alhambra llenaba de bullicio este lugar.

La Medina la atravesarás por la Calle Real Alta, dejando a tu derecha los jardines y El Partal, de los que te recomendamos que disfrutes con tranquilidad y te envuelvas del mágico ambiente de siglos atrás.

Una vez que has atravesado La Medina, pasarás a ver el Palacio de Carlos V, el cual es realmente impresionante, aunque el contenido es bastante sobrio.